Libros

martes, 4 de agosto de 2009

Submundo: capítulo 3

Capítulo 3:

Nione despertó por instinto y además porque su garganta le dolía, señal de que debía alimentarse. Se levantó con paso perezoso y se dirigió hacia el Frigo bar y extrajo una pequeña bolsa de sangre. No tenía tiempo para calentarla, así que para su pesar se la bebió helada. No había nada como la sangre fresca de una presa recién cazada, pero ya no le era posible emprender una cacería porque ya no poseía de mucho tiempo.
Se bebió una segunda bolsa y estuvo a punto de escupirla, era insípida y sin consistencia, pero era lo que había.
Se dirigió hacia el baño y se metió bajo la ducha. Estaba claro que ya era de noche, así que debía prepararse para le bendita fiesta. Se envolvió en la mullida toalla blanca y volvió a salir a su habitación en donde se encontró con una muchacha nueva. Ella la miró y le sonrió con respeto y admiración, en sus manos tenía un colgador con un lindo vestido verde avellana que combinaría con sus ojos, y en la otra mano tenía unos lindos zapatos con tacón. Bufó, odiaba los tacones.
—Me enviaron a que le entregara el vestido —le dijo la muchacha con una voz bastante dulce—. ¿Desea que le ayude a colocárselo? —le preguntó.
Nione observó el traje y vio que era ajustado en la parte del pecho y luego caía armoniosamente hasta un poco antes de las rodillas.
—No será necesario —le contestó—. Ya me las arreglaré. Gracias de todas formas —agregó antes de despacharla.
Cuando quedó sola volvió a ver el vestido, con esa cosita no podría ocultar muchas armas, tendría que colocarse unas tiras de cuero alrededor de sus muslos, una para guardar una de sus berettas y otra para al menos dos dagas. Se giró hacia el armario y comenzó a rebuscar en buscas de esas tiras hasta que las halló en el rincón más oscuro, las sacó y las lanzó hacia la cama, luego sacó un bolso que cabría en su moto, lo lanzó a la cama y sacó su típico atuendo y la lanzó también a la cama.
Se levantó y comenzó a vestirse con sus típicos pantalones negros y el top del mismo color, digamos que su guardarropa no era muy colorido. Estaba más que claro que no podría irse con el vestido y con tacones en su moto, se cambiaría allá y si no pues… se guardaría los comentarios. Terminó de vestirse, por lo cual guardó con sumo cuidado el vestido y los zapatos, guardó otro juego de dagas y sus garras retractiles en caso de, y también un par de cargas de balas de plata y de luz, y luego se enfundó las berettas, tomó su abrigo y salió.
Caminó en dirección hacia el estacionamiento del complejo y guardó el bolso en el compartimiento de su moto. La observó y sonrió satisfecha, su lindo juguete era un capricho, completamente negra y echa para la velocidad, se adaptaba perfectamente a su cuerpo. Tomó el casco y se lo colocó, era en esos momentos en que se sentía en paz con el mundo. Se subió y echó a andar el motor que rugió inundando el silencioso lugar. Pasó los cambios y se internó en la oscura noche.
La carretera le dio el frío y acostumbrado recibimiento, pero a ella no le importó. De buena ganas se hubiese sacado el casco para disfrutar de la brisa nocturna, pero se contuvo. Se maldijo al acordarse de que no había cogido su reproductor de música. Lo mejor de conducir era olvidarse de todo y de todos, ¿y qué mejor que una melodía a acorde con la situación?
Aceleró las últimas cuadras, disfrutando de sobremanera la velocidad y la intensidad del sonido del motor, antes de detenerse con un limpio movimiento antes las exquisita y opulenta mansión del príncipe regente. Se bajó de la moto y se sacó el casco, dejándolo sobre el asiento, luego tomó el bolso y se adentró en el camino de piedra.
Cuando llegó a la puerta un guardia la detuvo y le pidió su nombre, sin antes darle un vistazo a su vestimenta.
—Señorita, aún es muy temprano. La fiesta no empieza hasta dentro de una hora y además ¿piensa ingresar así al lugar? —le preguntó con cierta burla en la voz, además de la mirada que le dio, como si fuese un bicho raro que no encajara para nada con la riqueza del lugar. Ella bufó, antes de perforarlo con su verde mirada, el guardia se quedó inmediatamente callado.
—Señor, soy Nione Caspell, cazadora y rastreadora del Delta con derecho a ejecución si la situación la amerita. Estoy aquí no para disfrutar de la fiesta, sino para cuidar el trasero de tu jefe, así que hazte a un lado y déjame pasar —le contestó coronando sus palabras con una magnífica sonrisa y mostrándole con sutil prepotencia su identificación.
El gran hombre pareció sorprendido y algo cohibido al ver su credencial. Pestañó y se disculpó con torpes palabras. Comenzó a hacerse a un lado cuando una voz masculina lo detuvo, por lo cual Nione no pudo evitar sonreír.
—Tariq, debería despedirte inmediatamente. ¿Cómo es posible que seas tan negligente en tu trabajo? —le preguntó un macho que salía en ese mismo instante de la gran mansión. Nione lo reconoció aun antes de verlo. Su voz era especial y tan familiar como respirar.
—Lo… lo siento, señor —tartamudeó el pobre guardia, por lo cual Nio decidió intervenir.
—Déjalo, Ossian —le dijo al hombre que para ese entonces ya estaba en el umbral. Su sonrisa iluminaba su rostro y sus ojos pardos apenas escondían la edad que realmente poseía, sin embargo, todo en él era refrescantemente joven, desde su hermoso rostro hasta su bien formado cuerpo, además de su inusual estilo. Parecía un chico sacado de una de las playas de veraneo. Nada en él, a excepción de sus ojos delataba que era el cuarto anciano fundador del Delta y el primer hijo de Angelo, el quinto hermano en línea directa con el primero de todos—. Te eché de menos hoy en el concejo —agregó y la risa de él se intensificó.
—Bien, Tariq, la señorita te ha salvado; pero procura hacer mejor tu trabajo —se dirigió al gran hombre mientras le pasaba uno de sus brazos por el hombro y la dirigía al interior—. Deberías haberme seguido el juego, es lo más entretenido ponerlo nervioso —le contó, mientras la guiaba hacia al interior de la mansión.
Nione frunció el ceño en señal de desaprobación, definitivamente este anciano no tenía nada de viejo, se comportaba como un chiquillo recién convertido.
—Deberías comportarte, Ossian. ¿Cómo se te ocurre poner nerviosos a uno de los guardias? —lo reprendió gentilmente y él colocó cara de inocente mientras se pasaba la mano por su trigueño cabello.
—Tienes razón, no es conveniente ponerlo nervioso, después puede que haga mal su trabajo, ¿verdad? —le preguntó con falsa preocupación y ella suspiró resignada—. Estaba algo aburrido la verdad, estoy aquí desde la mañana, los tres ancianito me encargaron la seguridad del lugar y bueno… ya me comenzaba a aburrir.
—Tú también eres un anciano —le contestó ella y tuvo que reprimir la risa al ver la cara de horror que colocaba Ossian.
—Muérdete la lengua, hereje —le espetó—. No vuelvas a llamarme viejo nunca más —le dijo apuntándola con el dedo—, campana —concluyó y a ella se le borró la sonrisa siendo reemplazada por un suspiro de resignación.
—Otro más —dejó escapar aun antes de darse cuenta de lo que estaba diciendo.
—¿Quién más te dijo campana? —le preguntó él fijando sus pardos ojos en los de ella.
Nione se mordió la lengua antes de contestar, no podía decirle que había hablado con Agustín, en teoría nadie del Delta podía hablar con él.
—Ya sabes, Agustín solía decírmelo cuando tenía impregnado el olor dulzón de los Fae —le contestó lo más natural que pudo y él pareció tragarse el cuento, porque volvió a recuperar la risueña sonrisa.
—Pues aprendió del mejor —le dijo, dándose aires de superioridad.
Y ella comprendió, ¿cómo no se le había ocurrido antes?
—Oh… creo que estoy perdiendo facultades. Era tan obvio, el estilo es demasiado similar, si hasta parecen hermanos. Ya decía yo que debía tener un maestro, pero Agustín nunca lo asumió.
Ossian le sonrió con esa risa que decía Sí-pero-yo-soy-mucho-mejor.
—Claro, pero yo soy el más guapo de los dos, el más inteligente, el más carismático y definitivamente el más poderoso y el que tiene más admiradoras o al menos así era hasta que el muchachín desapareció —concluyó con tono tristón.
Ella lo abrazó de la cintura y siguieron caminando hasta que ingresaron al salón de baile. El lugar estaba decorado con los colores de la casa regente y con el escudo de armas de Eric. Los tonos dorados y azules se combinaban armoniosamente para no recargar las decoraciones. Había un gran ajetreo, retocando los últimos detalles. Nione miró a Ossian y vio que suspiraba de aburrimiento.
—No se te ve para nada contento. —Él volvió su mirada hacia ella y le guiñó un ojo, haciéndolo ver aun más encantador.
—La verdad es que odio tener que hacer de organizador, pero los ancianitos se pusieron algo pesados, así que tuve que venir a hacer de guardián —le contó, mientras le mostraba el gran salón.
Nione se grabó cada uno de los rincones en su mente y cada una de las salidas, revisó la cocina y revisó las distintas habitaciones que conformaban la gran mansión, cuando acabó Ossian la esperaba en el rellano, quedaban al menos diez minutos antes de que los invitados comenzaran a llegar y ella todavía iba vestida con su ropa normal, debía cambiarse más que rápido, Eric estaba a punto de bajar y se suponía que ella era su guardaespaldas.
Ossian le sonrió y ella lo observó de pies a cabeza, iba impecablemente vestido con el traje de gala y los colores que representaban a su casa, además con la insignia que indicaba su estatus como fundador del Delta.
—Amor, si no te apuras se te hará tarde —le dijo y estuvo segura que disfrutó con su evidente frustración frente a lo inevitable—. Una de las doncellas te ayudará a cambiarte. ¿Cómo se te ocurrió meter un costoso vestido a un pequeño bolso? —le preguntó haciéndose el indignado.
Ella bufó ante el comentario, pero no dijo nada, lo siguió en silencio. Llegaron antes una de las tantas habitaciones que ella había revisado con anterioridad y la hizo entrar, antes de dejarla con una menuda empleada, le guiñó un ojo, mientras se arreglaba una de las tantas condecoraciones que indicaban sus logros al servicio de la raza.
—Florcita, tienes cinco minutos para estar lista. Debes estar abajo cuando Eric haga su entrada y eso será en diez minutos —le dijo y le lanzó un beso mientras cerraba la puerta y la dejaba a merced de aquella muchacha que ya tenía el vestido en la mano y la miraba con cara de policía. Tragó saliva y se entregó a lo inevitable. Definitivamente odiaba los tacones.
En menos de cinco minutos estaba lista, maquillada y peinada, además de pulcramente vestida. Dios, era una tortura sentirse con ese vestido que era demasiado incómodo. Tan vaporoso y delgado que dudaba que cubriera algo. Despachó a la doncella y se dispuso a esconder las armas que llevaría. Sacó las tiras y las amarró una en cada muslo y las fijó lo suficiente para que no molestaran y para que no se soltaran. Luego colocó la pistola en un lado con un juego de balas de luz, y en la otra tira colocó dos dagas de plata, si llegase a suceder algo demasiado grande, sólo contaría con sus habilidades vampíricas, el vestido no le permitía llevar ningún arma más.
Se calzó las incómodas sandalias plateadas, que hacían juego con los adornos plateados del vestido, y se lanzó corriendo por el corredor, llevaba dos minutos de retraso. Estaba a punto de llegar a la escalera cuando al doblar chocó con un fuerte cuerpo masculino, estuvo a punto de caerse si no hubiese sido por los reflejos del macho que la sostuvieron firmemente. Ella alzó los ojos y se encontró con una mirada plateada y un rostro que se le hacía familiar. Tardó un segundo en reconocer a quién pertenecían aquellos rasgos aristocráticos y aquella cabellera rubia platinada.
—Lo… lo siento, príncipe —logró articular antes de descender su mirada y comprobar que era él al ver su atuendo que indicaba su casta real. El escudo de armas estaba bordado en oro y azul, sobre su brazo izquierdo—. Soy Nione Caspell, su guardaespaldas —le dijo haciendo una reverencia.
Eric la observó y se detuvo en cada detalle de su ropa antes de dejar escapar una encantadora carcajada que llamó la atención de su séquito.
—Un gusto, Nione, pero no deberías correr así por los pasillos, ¿qué pasaría si te lastimas? Serías incapaz de protegerme y eso a mí no me gustaría —le contestó mientras la obligaba a enderezarse y la tomaba del brazo para guiarla hacia el salón.
Estaba metida en una grande, se suponía que debía cuidarlo, pero eso no incluía tener que bajar con él. Odió el hecho de haberse atrasado, la suerte estaba lanzada.

Edgard aparcó su moto al llegar a la ostentosa mansión y maldijo cuando vio apoyado en su coche a Agustín que lo esperaba con esa sonrisita suya de que se lo estaba pasando en grande.
Se quitó el casco y se bajó sin antes maldecir quizás por centésima vez a su sonriente compañero. Se encaminó en dirección hacia él procurando fulminarlo con la mirada, pero Agustín no quitó su sonrisa del rostro, luego comprobaría por qué. Al llegar a su lado este le tendió un pequeño aparatito que reconoció como un comunicador. Genial, Dante y Levi estaban por ahí.
—Al menos deberías haber comprado una camisa de un color distinto, Setti, y también deberías haberte comprado una corbata —le dijo Agustín mientras se metía la mano en uno de sus costosos bolsillos y sacaba una tira de seda. El maldito le había llevado una corbata de color verde musgo. Dios, bastante había hecho colocándose zapatos de gala y un esmoquin para la ocasión, además de una camisa, aquello no le permitiría mucha movilidad.
—Que te jodan —le contestó antes de quitarle la bendita corbata y comenzar a lidiar con ella. Luego que se la colocó fulminó con la mirada a Agustín quien le indicó que se pusiera el comunicador, en silencio se lo colocó y apenas lo hizo, oyó las risas de Dante y de Levi. Volvió a maldecir, cada vez estaba de más mal humor—. Levi, mejor borra esa sonrisa de tu rostro, podrías haber sido tú el que se hubiese tenido que vestir de gala —le dijo e inmediatamente la risa de Pasek se esfumó, sin embargo, la de Dante se intensificó—. Y tú, Dante, mejor cállate si no quieres que rompas tu nuevo juguete.
—No te atreverías, Setti —le contestó más bien en tono de pregunta que de afirmación y el sonrió maléficamente.
—Ponme a prueba, Pandales, y verás —lo amenazó sutilmente mientras veía a Agustín arreglarse su corbata burdeo.
—¿Por qué no elegiste lentillas de algún otro color, Ed? Mucho negro tiende a ser aburrido —le dijo Agustín mientras se ponía en marcha hacia la entrada de la mansión, donde ya un pequeño grupo de aristócratas estaba reunido.
—Mejor tú también cierras tu boca, ya bastante hice teniendo que meterme en un traje de gala para asistir a esta tonta fiesta. Además hasta donde yo sé, no venimos a divertirnos, sino que vinimos a trabajar y mientras menos levantemos las miradas hacia nosotros, mejor —concluyó en un susurro mientras avanzaban los últimos metros hasta la entrada.
—Yo creo que eso de por sí es difícil, Setti —le contestó su amigo indicando a su alrededor. Mucha de las mujeres no despegaban sus ojos sobre ellos, bufó fastidiado, era por eso que odiaba las multitudes—. Edgard, por favor, te haría bien mostrarte un poco más dócil, pareciera que fueras a morder en cualquier momento —le dijo su compañero.
—Tú sabes por qué no me gusta que se fijen mucho en mí, Recart —le contestó cortando todo tipo de represalia.
Agustín entregó las invitaciones al guardia de turno, las cuales estaba seguro las había falsificado Dante, así que era sólo cosa de esperar que confirmara los datos en la lista electrónica que tenía. El Delta estaba perdiendo facultades, era verdad que Pandales era experto en franquear sistemas sumamente protegidos, pero eso no quitaba que otro también lo pudiera hacer y colarse en la fiesta como ellos lo estaban haciendo.
El guardia confirmó sus identificaciones igualmente falsas y los dejó pasar. Entraron justo cuando estaba a punto de bajar Eric y su séquito, inmediatamente se separaron ambos, con una rapidez que no permitió que nadie se diera cuenta de lo que habían hecho. Él se escondió cerca de unas cortinas con los colores de la casa real y fijó su vista al otro extremo en donde estaba Agustín con la vista fija en la escalera. Su expresión cambió a la de sorpresa y luego a una de diversión claramente marcada. Edgard llevó su mirada hacia la dirección en que su amigo observaba y por un momento se quedó sin respiración. Eric bajaba acompañado de una beldad, nunca en su vida había visto una mujer igual. No era muy alta, pero era hermosa, con un largo cabello negro azabache que llevaba en un simple peinado, pero que resaltaba el verde de sus ojos, y vestida con un hermoso y sensual vestido del mismo color que el de su mirada. Ella pareció notar su escrutinio, porque inconcientemente llevó su mirada hacia el rincón en donde se encontraba escondido, pero él estaba seguro que no podría verlo, su camuflaje y su sigilo eran excelentes; sin embargo, se llevó la segunda sorpresa de la noche: ella no despegó la mirada en su dirección y por su rostro cruzó una señal de sorpresa que fue rápidamente oculta tras una máscara de estoicismo. Mierda, si ella lo había visto, entonces significaba que no era una simple acompañante. Entonces una idea cruzó por su cabeza al volver a fijar sus ojos en donde se encontraba su amigo, quien se había unido a la fiesta y observaba a la muchacha con demasiada familiaridad.
¿Sería posible que ella fuera la famosa chiquilla de la cual tanto hablaba Agustín?
Sus sospechas se confirmaron cuando la voz de su compañero llegó hasta él por medio del comunicador.
—No sabía que Nione estaría aquí esta noche. Vaya qué cambio ha tenido —le dijo Agustín y él sólo atinó a soltar el aire que había contenido desde que la había visto aparecer.

Nione sintió sobre sí las miradas de todos los presentes. La nobleza estaba en pleno y la miraban tratando de dilucidar quién era la extraña que acompañaba a su príncipe. Dejó vagar la mirada por el salón y sintió un extraño nudo en el estómago. Se estaba poniendo nerviosa así que si no bajaban pronto y se unían a la muchedumbre no podría evitar salir corriendo, bueno, quizás estuviese exagerando un poco, porque ella nunca se escabullía ni se aminoraba ante nada, pero de verdad que ahora se sentía algo cohibida.
Comenzaron a bajar muy lentamente, demasiado y odiosamente lento. Eric posó una de sus manos sobre la de ella y se la apretó ligeramente para infundirle valor o tranquilidad, no estaba segura y digamos que no le importaba gran cosa, así que simplemente le sonrió algo tímidamente, sonrisa que él le devolvió tan impecablemente como todo en él.
Al segundo escalón sintió una mirada penetrante sobre ella, cosa que le pareció inverosímil porque todas las miradas del salón estaban fija sobre su persona, sin embargo, era real, así que disimuladamente dejó vagar su vista por sobre la multitud a medida que esperaba que Eric volviese a bajar otro escalón, hasta que halló de donde provenía el incesante escrutinio.
Fijó sus ojos en un rincón que estaba demasiado oscuro por las sombras que proyectaban las cortinas azules y doradas y sintió su presencia, no podía ver quien era el dueño de esa mirada tan penetrante, pero sabía que estaba ahí. Se sintió algo nerviosa y sintió que el pulso se le aceleraba un tanto, pero logró controlarlo justo a tiempo de bajar definitivamente.
Inmediatamente se vieron envueltos por grupos elitista que querían a hablar con Eric. Intentó desprenderse y alejarse un poco, con tanta gente no podía hacer su trabajo. La estancia era grande, así que para vigilarla debía encontrar un punto alejado de la muchedumbre; sin duda que estar demasiado cerca de Eric le significaba una desventaja frente a cualquier posible atacante.
Comenzó a alejarse, pero las manos de Eric la detuvieron, ella lo miró, pero él no la observaba, lo que se hizo preguntarse qué era lo que pretendía. Su pregunta fue inmediatamente respondida cuando él con gesto elegante despidió a sus interlocutores y se acercó para susurrarle al oído. Aquel fue el detonante que necesitaba para querer salir huyendo de ahí, se sentía demasiado intimidada y cohibida.
—¿Me darás el honor de bailar conmigo la primera pieza de la noche, Nione? —le preguntó y aun antes de que ella pudiera contestarle que no había ido ahí para bailar, Eric la había llevado hacia el centro de la habitación justo en el momento que comenzaba a sonar la dulce melodía, en un abrir y cerrar de ojos se vio dando vuelta por la pista de bailes, sin saber cómo detener aquello.
—Príncipe, yo no vine a bailar, vine a trabajar. Se supone que debería estar vigilando la sala mientras usted se divierte —replicó y él soltó una suave carcajada, mientras la giraba al ritmo de la música.
—Me estás vigilando mientras me divierto —le contestó—. Creo que es mucho mejor que te mantengas cerca de mí así puedes hacer mejor tu trabajo —agregó.
Nione quiso replicar, pero cualquier palabra que soltó se perdió cuando la multitud comenzó a unirse a la danza. Todo se había complicado. Quiso gritar, cosa excepcional porque rara vez perdía la paciencia, pero eso se estaba yendo de las manos.
—Relájese, señorita Caspell, y disfrute —le murmuró Eric.
Decidió terminar ese baile, pero cuando acabara le dejaría claro que volvería a su trabajo y que se buscara una nueva pareja de baile. Estaba segura que habrían muchas damas que se pelearían por estar en su lugar, y ella lo hubiese disfrutado si hubiese sido otra la situación. Sin embargo, la oportunidad de volver a la rutina se le presentó mucho antes de que la música acabara: a su auxilio llegó Ossian que le pidió a Eric un cambio de pareja. El príncipe frunció el ceño, pero luego aceptó de buenas ganas, tomando a su nueva pareja se alejó de ellos.
—Vaya, florcita, sí que has robado muchas miradas estas noche incluyendo a Eric —le dijo, mientras sutilmente la sacaba de la pista de baile—. La verdad es que yo también estoy sorprendido, nunca te había visto con vestido y debo decir que te favorece —agregó al llegar a la periferia del salón.
—Gracias —logró decirle mientras recuperaba la compostura.
—Te veías cohibida, otra sorpresa para mí, además creo que lo mejor es que te mantengas lejos de Eric, así harás un mejor trabajo —le contestó y le dio un beso fraternal en la frente, un gesto que le recordó a Agustín—. ¿Quizás quieras una copa? —le preguntó mientras le quitaba una copa de sangre a un camarero y se la tendía— bebe —le ordenó antes de desaparecer entre la multitud.
Nione observó la copa que tenía entre las manos y decidió que no se le antojaba, así que la dejó sobre una bandeja vacía de otro garzón que cruzó ante sí. Suspiró y volvió a su careta estoica y dejó vagar su vista por el atestado salón, extendió sus sentidos para alcanzar la sala completa. Estaba concentradísima cuando sintió nuevamente la presencia de su observador muy cerca de ella, justo atrás. Estaba a punto de girarse cuando su alerta se disparó. Todo sucedió en par de segundos, se olvidó de la presencia que se encontraba a su espalda y sin pensárselo se lanzó hacia el centro de la pista en donde se encontraba Eric bailando con una hermosa mujer. No tuvo tiempo de lanzar a la dama al suelo, por lo cual sólo cayó encima de Eric, mientras la bala colisionaba con una sorprendida noble y la multitud explotaba en gritos y murmullos de sorpresa. La condenada explotó en cenizas cuando la bala, que ella conocía tan bien, explotó en su interior, un resplandor de luz azulada salió de sus ojos y boca antes de incinerarse por completo. Ella simplemente atinó a ocultar la vista ante el resplandor.
En cámara lenta observó el rostro de Eric y en cámara lenta sintió el tumulto sobre ellos, vio acercarse a Ossian y a un grupo de cazadores del Delta, por lo cual ella se levantó con la misma rapidez con la que se había lanzado y sin prestar atención alguna a las advertencias de Ossi se lanzó en persecución al renegado.
Su pista era fresca y sabía que si se apuraba lo alcanzaría. El individuo estaba en el jardín, así que abriéndose paso entre la multitud salió en dirección hacia el estacionamiento. Apenas puso un pie en el rellano se sacó los tacones de una patada, le molestaban de sobremanera y no le permitían moverse con mayor rapidez. Obviando el dolor que le laceró al entrar en contacto sus pies desnudos con las piedrecillas, prácticamente saltó a su moto y la puso en marcha, siguiendo el negro auto que salió de la nada y recogió al atacante.
Estaba tan concentrada en alcanzarlo que no se percató inmediatamente que una moto muy parecida la de ella con un conductor fantasma la seguía. Se colocó el negro casco y trató de alcanzar con sus sentidos todo la que la rodeaba. Su sorpresa fue mayor cuando se dio cuenta que el que la seguía era el mismo que la había estado observando.
—Mierda —murmuró cuando la moto se colocó a la par con ella. Su presencia era tan arrolladora que por un momento se sintió sumamente perdida.
El tiempo pareció detenerse. Su inesperado acosador la miraba fijamente, lo sabía a pesar de que su rostro estaba oculto por un casco completamente negro que no dejaba ver ni siquiera sus ojos, muy similar al de ella. El aire pareció abandonarla mientras trataba de dilucidar quién podría ser. Iba vestido de gala, aunque todo en él era monótonamente negro, hasta la camisa. Exudaba sensualidad, peligro y masculinidad. Por un momento deseó fervientemente poseer el don de la telequinesis para abrirse paso en la mente de aquel extraño, pero lamentablemente no lo poseía.
Una explosión a su costado la hizo regresar abruptamente a la realidad. Por suerte poseía unos reflejos excelentes por lo cual pudo controlar su moto con maestría y no volcarse en la vacía carretera. Volvió a fijar la mirada en el coche negro y vio que de la ventana del copiloto, en donde se había subido el renegado, asomaba un arma, que estaba a punto de ser disparada nuevamente. Decidió olvidarse momentáneamente de su perseguidor y concentrarse en su presa, después de todo esa era su prioridad.
Aceleró todo lo que su vehículo le permitía y dejó rápidamente atrás al inesperado compañero y centró toda su atención en el oscuro coche que cada vez se acercaba más a ella.

Edgard maldijo quizás por décima vez cuando la vio alejarse. Era temeraria, valiente o estúpida. Aunque se inclinaba más por lo último. ¿Cómo se le ocurría cruzarse ante una bala? Podría haberle llegado a ella y ahora no la estaría contando.
La observó adelantarse con imperiosa necesidad, mientras el viento jugaba demasiado eróticamente con su pequeño vestido, levantándolo y dejando a la vista aquellas perfectas piernas. Tuvo que morderse la boca para no dejar escapar un gemido de aprobación. La belleza no le quitaba lo insensata, ahora era cuando se preguntaba si realmente esa chiquilla era tan excelente cazadora y rastreadora como para que Agustín la alabara constantemente.
Decidió mantenerse a un margen prudente de su moto, debía reconocer que tenía agallas. Lanzarse así como así en una persecución como esa, necesitaba cierta valentía, sin embargo, eso no le quitaba lo estúpida. Aunque maneja aquella monstruosidad de moto con una facilidad tal que le ganó otro punto.
Estaba tan concentrado en la pequeña figura de ella, que estuvo a punto de ser alcanzado por una segunda explosión. Ya se estaba comenzando a hastiar de aquello, iba a cortar eso de raíz; sin embargo, cuando estaba a punto de acelerar a muerte el comunicador se activó, haciéndolo disminuir un poco la velocidad. Maldijo nuevamente cuando la vio a ella acelerar otro poco, cada vez estaba más cerca del coche y demasiado lejos de él. Se sorprendió al darse cuenta que estaba algo preocupado, desechó la idea inmediatamente y se concentró en el comunicador.
—Ed… Edgard —le llegó la voz de Dante de forma entrecortada—. Ojo, puede ser una trampa. —Esta vez la comunicación se estableció correctamente.
—Sé específico —poco menos le ladró, mientras no le quitaba los ojos de encima a aquella imprudente muchachita.
—Levi y yo nos dirigimos en dirección contraria, Setti. Al mismo momento en que saliste tú y aquella beldad tras la siga del atacante un auto de las mismas características se puso en movimiento en dirección contraria. Supongo que fue para despistar, Ed, de igual forma si logramos capturarlos talvez podamos sacarles información —lo puso al idea y su mente comenzó a funcionar a mil por horas. Aquella era una conspiración. No se trataba de un simple atentado.
—Estamos frente a un grupo de terroristas entonces —masculló.
—Así parece… —la comunicación se cortó por momentos para volverse a restablecer—. Agustín se quedó en la mansión, pero cortó el comunicador. Lo mismo haremos nosotros. Es hora de que comience la fiesta, hermano. Si logras pillarlos, hazlos cantar —le dijo Dante.
—Bien… Si esta cacería sigue, pronto me veré en territorio Lycan —le comunicó.
—Algo tiene que ver eso, Setti. Nosotros nos dirigimos directo a territorio Fae —le contestó y la comunicación se volvió a perder, pero esta vez fue definitiva.
Edgard volvió a maldecir y lo hizo por segunda vez cuando vio que la insensata comenzaba a sacar algo de la moto.
—Mierda —exclamó cuando la vio lanzarse en una carrera desesperada hasta darle alcance definitivo al coche negro.

Nione se olvidó completamente de quien la seguía y se centró en el automóvil que cada vez estaba más cerca. Por segunda vez en la noche tuvo que esquivar una nueva detonación.
No fue indiferente que con cada segundo se acercaban cada vez más a los límites de los cambia formas, si seguían así muy pronto se hallarían en los territorios de Randall y a pesar de que la carretera fuera un punto neutro, de igual forma no era conveniente dejarse caer en los bosques de los hombre lobos sin un permiso ni una invitación previa. Los Lycan eran sumamente territoriales, incluso más que los Fae.
Sentía el viento en su cuerpo y veía pasar los valles y las colinas a una velocidad abismal, estaba casi al borde de la capacidad de su moto, por lo cual tenía sólo una oportunidad más para darle caza al renegado. Pues bien era hora de que ella contraatacara, así que soltando una de sus manos presionó el teclado que programaba las funciones de su juguete.
Movió sus dedos rápidamente por sobre la pequeña consola y con un suave sonido un compartimiento secreto se abrió en el costado derecho, muy cerca de donde reposaba su pierna. Haciendo acopio de todo su equilibrio, se inclinó un poco hacia adelante, mientras soltaba su otra mano.
Comenzó a trabajar para sacar el arma que llevaba guardada en aquel espacio. Con la mano derecha la extrajo, mientras que con la otra mano sacaba las municiones. Con su pierna derecho le dio un pequeño toque al compartimiento que se cerró con el mismo suave sonido. No pudo evitar sonreír frente a la adrenalina que comenzaba a recorrer su cuerpo.
Procurando mantenerse en la posición correcta para no caerse y provocar un accidente de proporciones mayores, cargó la liviana, pero letal arma con las balas de luz ultravioleta, cuando hubo terminado volvió a agarrar el manubrio con su mano izquierda, mientras sostenía con la otra su nueva y última adquisición. Jamás hubiese pensado que la ocuparía en tal situación.
Aceleró por última vez y en menos de lo que pensaba se halló a la par con el coche. Movió su cabeza y la fijó en la ventana en la que iba el conductor. No podía ver muy bien ya que los vidrios eran polarizados así que tuvo que recurrir a una de sus habilidades para poder enfocar su objetivo y lo logró a pesar de que la imagen no era lo suficientemente nítida. Estaba segura que después de eso terminaría agotada, pero si era certera, aquellos sujetos no vivirían para contarlo.
Levantó el brazo derecho y fijo la puntería en donde estaba la cabeza del conductor, debía ser rápida para que este no alcanzara a esquivarla. Así que apenas lo tuvo en la mira disparó al mismo tiempo que reducía la velocidad. Estuvo a punto de perder el equilibrio y salirse de la carretera, pero logró mantenerlo, mientras veía y escuchaba cómo explotaba su carga al interior del coche que rápidamente se precipitó hacia la orilla.
El choque fue sumamente fuerte. El vehículo se fue contra la hilera de árboles que cercaban el lado izquierdo de la carretera. Pedazos de metal volaron cerca de su cabeza, que alcanzó a esquivar a duras penas. Para poder lograr un mejor manejo tuvo que soltar el arma y agarrarse del manubrio con las dos manos, mientras reducía la velocidad.
El coche detuvo su avance después de unos minutos y quedó completamente quieto y silencioso. Antes que Nione llegara hacia el lugar en donde había quedado, una de las puertas se abrió y pudo divisar que una sombra se movía internándose en el bosque que se extendía a varios metros del costado derecho de la carretera.
No pudo evitar maldecir cuando a su nariz llegó la esencia del renegado. El maldito bastardo nuevamente se le escapaba, pero no llegaría muy lejos. Con un derrape detuvo la moto al llegar al lado del destrozado vehículo y comprobó con satisfacción que del conductor no quedaba nada.
Observó hacia la dirección en que se iba alejando el traidor para luego ascenderla hasta el cielo, la luna llena iluminaba el pequeño valle que se perdía entre los árboles. Toda esa extensión pertenecía al tumulto de los cambia formas. Tenía dos opciones y cada una era igualmente terrible. Si se quedaba ahí, perdería una vez más al renegado, pero si se internaba, correría el riesgo de que los Lycan lo tomaran como una feroz falta de respeto. Se mordió el labio inferior mientras se debatía qué hacer, hasta que se decidió por lo último, prefería arriesgarse.
Antes de bajarse de la moto volvió a deslizar sus dedos por la pequeña consola, hasta que estableció comunicación con el Delta, el que le contestó fue Ossian.
—¿Dónde estás? —le ladró.
—Ya casi lo tengo. Te llamo para comunicarte que en las próximas horas nada sabrás de mí. Me internaré en los dominios de Randall, nuevamente escapó hacia allá —le dijo.
—Ni se te ocurra, Nione. Es una orden directa así que mejor te das media vuelta y regresas —la amenazó Ossian. Ella suspiró antes de volver a contestar.
—Volveré, pero con el renegado, ya sea vivo o muerto. Nos vemos, anciano —le contestó y cerró la comunicación.
Luego se sacó el casco y lo dejó caer a un costado. Iba a tener que dejar su querida moto ahí. Volvió a teclear sobre la consola y esta vez se abrió el compartimiento del lado izquierdo. Con un rápido movimiento extrajo una de las dos garras retractiles. Se la puso en su muñeca izquierda y se bajó de un salto.
No avanzó inmediatamente, se detuvo a mirar a quien la seguía. Ahí estaba aquel macho sobre su propia moto aún con el casco puesto, observándola. Mierda, quiso gritarle y pedirle que se explicara, pero no tenía tiempo. Si hubiese querido atacarla, lo hubiese hecho cuando ella estuvo demasiado concentrada en derribar el coche como para fijarse en cualquier otro peligro.
Se observaron por un buen rato antes de que volviera a fijar su verde mirada en la dirección en que había escapado el sujeto. Respiró hondo y obviando que no llevaba zapatos y que sólo iba vestida con un vestido y dependiendo de la buena voluntad de Randall, se internó en la oscura noche en dirección al bosque que se alzaba a unos metros de ahí.
Olvidándose definitivamente de aquel sujeto que la había seguido y del dolor que le provocaba el pisar con sus pies desnudo sobre la inhóspita tierra, en un abrir y cerrar de ojos se halló siguiendo nuevamente el rastro que ya se le hacía sumamente conocido.

No hay comentarios: